Cuando acaba en cole y dejamos de recibir la terrible hojita en la que los profes de los niños nos anuncian que hay piojos en clase, parece que respiramos tranquilos y pensamos que tendremos un verano en paz, por lo menos en lo que se refiere a esos molestos bichos. Pero fuera del cole también hay riesgo de contagio.

El piojo de la cabeza agradece el calor y la humedad, y de eso hay mucho en julio y agosto, a no ser que pases las vacaciones en Groenlandia. Si tu hijo tiene piojos, la transpiración y el calor serán un hábitat ideal para que proliferen. Si además algún amigo también los sufre y se acaba de dar un baño en la piscina, puede que alguno se haya caído al agua, y el piojo puede entrar en una especie de letargo de hasta tres horas hasta que otra cabeza pase por allí y sea su salvación y el inicio de una nueva pesadilla para ti.

Así que no bajes la guardia y revisa a los niños también en verano. Y si no te haces con ello, ven a vernos. En None On Top estaremos encantadas de echarte una mano y quitarte un quebradero de cabeza.