Si entre los regalos de Reyes había un contagio de piojos, te tocá ponerte manos a la obra para atajarlo.

Si entre los regalos de Reyes había un contagio de piojos, te tocá ponerte manos a la obra para atajarlo.

Durante las Navidades bajaste la guardia respecto al contagio de piojos, pensaste que sin colegio tus niños estarían a salvo de estos insectos. Sin embargo, antes de volver a clase, tu hijo se rascaba demasiado la cabeza y fue entonces cuando caíste en la cuenta.

Claro, no ha estado en clase, pero ha dormido con los primos, jugado con los amigos del barrio, pasado buenos ratos con los hijos de tus amigos… y en cualquiera de esos momentos se ha podido producir el contagio. Sin más, un roce con una cabeza infestada y un piojo que decide explorar otros horizontes.

Durante esos días de vacaciones la lendrera también se tomó unos días libres y ahora toca ponerse manos a la obra para atajar el contagio cuanto antes. Así que te armas de valor y comienzas a examinar meticulosamente la cabeza de tu pequeño, con la ayuda del aceite esencial del árbol del té que se ha convertido en un imprescindible en tu kit antipiojos.

Y cuando tu tarea en el pelo de tu hijo haya terminado sabes que tienes que limpiar tu casa para evitar que haya algún insecto vivo que consiga llegar a la cabeza de tus familiares antes de 48 horas. Como ya tienes experiencia, sabes bien que no necesitas ningún producto especial para realizar esta limpieza, que basta con aspirar o lavar aquello que se pueda o poner las cosas en cuarentena dentro de una bolsa cerrada durante unos tres días.

Tampoco te vas a olvidar de avisar a amigos, familiares y al colegio porque cualquiera que haya estado con tu hijo puede estar contagiado de piojos. Y mañana otra vez la lendrera y vuelta a la rutina contra estos insectos.