Cambiando el nombre a estos parásitos no nos van a resultar más agradables. Llamemos a las cosas por su nombre,  digamos piojos una y mil veces.

Cambiando el nombre a estos parásitos no nos van a resultar más agradables. Llamemos a las cosas por su nombre, digamos piojos una y mil veces.

A finales de 2015 compartimos en nuestras redes sociales un artículo de la periodista Carme Chaparro publicado en la revista Yo Dona bajo el título ‘Piojos’. En él reivindicaba lo que, una vez, más vamos a hacer nosotras a través de este blog y que tantas veces repetimos en None On Top: perdamos la vergüenza ante la llegada de los piojos.

Para empezar, como la misma Chaparro dice en su texto, nada de dulcificar el nombre de estos molestos parásitos denominándolos “pipis”. Es un sustantivo que suena hasta ridículo para un insecto que en algunos casos conlleva verdaderos problemas de infestación y que se contagia con gran facilidad. Llamemos a las cosas por su nombre, repitamos piojo una y mil veces hasta que perdamos el asco, el picor del cuerpo, la sensación de horror que nos produce simplemente oír esta palabra.

Los piojos están ahí, son una realidad que está muy presente a nuestro alrededor. ¿Quién hoy en día no conoce algún caso de familiares o amigos o lo ha sufrido en primera persona? Que nos dé repelús es lo más normal y que nos preocupe también, pero siempre que ninguna de esas dos razones suponga escondernos de los demás y no informar a quienes tienen contacto directo con nosotros para que puedan tomar las medidas oportunas.

En la era de la información en la que Google nos puede despejar cualquier duda en menos de un minuto, no es excusa relacionar el tener piojos con la mala higiene. El desconocimiento de estos parásitos, de su forma de reproducción y contagio es el resultado de afirmaciones erróneas que pueden llegar a causar aislamiento innecesario en aquellos que sufren pediculosis.

Atajando el problema cuanto antes o previniendo el contagio con unas pautas muy sencillas, como no compartir objetos en contacto con el pelo, llevarlo recogido y revisar la cabeza al menos una vez a la semana, estaremos ayudando a mantener a los piojos a raya.

Poniéndoles un nombre más amable no nos van a dar menos repugnancia, escondiendo el problema no vamos a cambiar su forma de contagiarse, estos parásitos se llaman piojos y así debemos referirnos a ellos. Solo siendo consecuentes con la realidad podremos hacer algo por erradicar este problema.